miércoles, 12 de mayo de 2010
Impulso.
Lavo sus manos. Guardo el cuchillo en el comedor. Se vistió y limpio la casa. pensó para si misma lo que había hecho esa noche. Armo sus pasos sintiendo vergüenza. Recordó. Recordó con dolor las creaciones de su mente. Se hecho a llorar. Pensó en todo lo que dejo atrás aquella tarde de música alterada, puñaladas siniestras. Busco en su cartera el labial rojo. Seco las lagrimas, evacuadas al ritmo del reloj. Vistió de negro, rindiéndole culto a su invento. Escribió para los demás. Sintió nostalgia por dentro. Revivió malas compañías, inestabilidades, lujurias saciadas, tiempo perdido. Contemplo el paisaje desde la ventana. Encendió un cigarro por la neurosis y los malos sabores. Cobraron vida sus circunstancias. Momentos en los que obro mal. Se repugno por dentro. Deseo acabar con esa mujer, sus impulsos ya no le gustaban. Vomito. El equivalente a veintitrés pastillas de quien sabe que. Sus piernas pegadas al piso del baño, su vestido negro arrugado, el rojo corrido de su boca. Se miro al espejo y no se encontró. Podía escuchar el bajar del agua del baño. Podía sentir todavía sus palpitaciones, los sentidos agudizados, los ojos llorosos. Se minimizo el timbre del teléfono y los gritos de afuera. Minimizo su vida. Miro sus manos amarillentas y se acostó esperando la despedida. Una lagrima mas, confusiones menos. Con ella, el gato que siempre quiso, un par de canciones , acuarelas, buen sexo y un tinto sin azúcar. Por ultimo se quito el labial y miro hacia el techo.
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